TU DESTINO

Foto: Marian Calvo

TU DESTINO EN TRES PREGUNTAS

Tenía vacante un hueco pequeño junto a la churrería porque había fallado el puesto de chuches, algodón de azúcar y almendras garrapiñadas. En vez de buscar un sustituto, el empresario de la feria sintió que esto había llegado por algo y decidió probar suerte con su idea y su ilusión de crear un clásico ambulante. Llamó a Gonzalo y le preguntó si sería posible que en una semana reconvirtiera una taquilla doble de autos de choque en una caseta de videncia. Era un carrocero que también se atrevía a soñar y, como ya tenía en el almacén terciopelo granate, dijo: de mi cuenta.

Invitó a comer a María Pilar, la echadora de baraja española recién jubilada. Costó lo suyo, pero aceptó y por un precio muy razonable tendría las fichas en un par de días.

Recordó la pausada y profunda voz de Silvio el del gusano loco. El hombre entendió a la primera lo que había que hacer y no dijo que no.

Salió perfecto. Igual o mejor que en su fantasía.

Las barracas se instalaron como cada año en el descampado. Esta vez con una novedad: tu destino en tres preguntas. Generó interés y comentarios en el pueblo, no todos favorables. Mejor. Así añadía un poco de transgresión y entrar sería una aventura de valientes.

Había que traspasar la puerta chirriante a la cabina. Sentada en un sillón granate y frente a un espejo, la persona del presente pulsaba tres opciones entre doce relativas a salud, amor, dinero o familia y una voz de anciana del más allá respondía lo que iba a ocurrir y lo hacía muy bien a juzgar por la cara de conocer el futuro con la que salía de la atracción.

Tras el espejo la miraba Silvio con las fichas de María Pilar. Dividían a la gente por edad, género y otros aspectos y él sólo debía leer una. Era fácil. Era cómodo, pero aburrido. Sobre todo cuando ya llevaba 138 futuros y llegaron cinco amigas de la misma edad y con las mismas preguntas y, por tanto, las mismas fichas. Sería el olor a colas, pinturas y pegamentos, sería un arrebato, pero Silvio le dijo a la última:

Tu destino no está escrito. Eres libre de hacer lo que quieras con las cartas que te toquen y nunca es tarde porque hasta que no pita el árbitro, queda partido.

Paula salió hecha una furia. Mierda de barraca, se ha tragado el dinero y no me ha dicho el destino, gritó.

Las cinco amigas pasaron el resto de la noche comiendo churros y diciendo “no funciona “ a quien hacía el ademán de entrar. Corrió la voz y la barraca quedó olvidada. El total global fue de 143 clientes y sus destinos. No rentable.

Mientras Gonzalo reconvertía otra vez la caseta de videncia en taquilla para el tren de la bruja pensó: yo creía que iba a funcionar, pero luego, claro, está la libertad de la gente para hacer en las barracas lo que le dé la gana.

LA NOTICIA

Las barracas se instalaron como cada año en el descampado. Esta vez con una novedad: las cinco amigas tenían ya 16 años y podían quedarse hasta el final.

Hicieron la cola para la atracción de videncia tu destino en tres preguntas y las cuatro primeras salieron eufóricas. Paula era la última. Traspasó la puerta chirriante a la cabina y se sentó en un sillón granate. Frente a un espejo, tenía que pulsar tres opciones entre doce relativas a salud, amor, dinero o familia y se suponía que una voz de anciana del más allá respondía lo que iba a pasar. Al menos, eso le dijeron sus amigas porque lo que ella escuchó fue un hilito de voz que susurraba:

Estoy tras el espejo, rómpelo con el extintor. Tú eres mi destino. Eres libre de hacer lo que quieras, salvarme la vida o dejar que me ahogue.

Paula rompió el espejo y encontró un Silvio tan amoratado y medio muerto que obviamente en su estado no podía haber pronunciado aquellas palabras. Salió a la calle y gritó ayuda y ahí empezó la noticia.

Las cinco amigas,ahora salvadoras de un feriante, pasaron con sus madres y la directora del instituto por el programa Tiempo de tarde de la televisión autonómica.

Todo quedó al descubierto. Los trucos de la barraca de videncia se hicieron públicos. Silvio, el figurante que hacía de maga debido a su voz peculiar, consumía un 34% más de oxígeno que el humano medio. La caseta cumplía la normativa, era un factor imprevisible y no había delito. Hubo, eso sí, mucho comentario sobre si era o no una estafa. Una tertulia ¿se puede conocer el destino? desgranó la cuestión al detalle.

Nadie, salvo Paula, llegó a preguntarse qué había ocurrido aquella noche. Es poco probable que una noticia llegue a descubrir la verdad y ella quería saberla. Por ello, fue al hospital.

Pasó por la tienda, pero no le pareció oportuno llevarle flores, bombones o revistas y subió sin nada.

Silvio la reconoció, era la chica que había decidido romper un espejo por él. Ella se alegró de haber sido libre para hacerlo. Sus corazones se unieron en un amor que otros llaman deuda eterna. Se intercambiaron los teléfonos. Pasarían muchos años hasta que volvieran a verse.

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