
Vivir en la cuneta es ver el mundo al revés,
ver cómo van y cómo vienen y lo cuentan,
ver el viaje ajeno cautivo y detenido en un relato.
Vivir en la cuneta es decir a quienes ponen flores
que sus hijos muertos ya no están en esa curva
y son ellos los que se marcharon. Bienvenidos.
Vivir en esta esquina nos permite estar en pie
nos permite estar andando o hasta vendiendo melones
no le importa a nadie lo que hagamos con el tiempo.
Lo más bonito es mirar cómo el tiempo se deshace
y se convierte en pedruscos, cantos rodados y jejos.
Vivir sin tener que acumular ni memorias ni recuerdos.
Vivir fuera de todo lo que conlleva ese todo nos libera
de discursos, verdades y cesiones porque no hay nada
que valga la pena y donde digo la pena, digo la pena.
No ser nadie desde el margen es ser alguien entre miles
de olvidados por las mentes que sabemos que no miran
porque viven en el mundo que fabrica las cunetas.
