
Caigo tropezando en cuerdas transparentes y los pies se hunden en sí mismos
el aire se vuelve roca y respiro flechas
Es la soledad de los mundos giratorios que dan vueltas hasta hacerse aire
para poderlos levantar clavando hachas
No siempre hirió la voz ni dolió el ruido, por eso no existe la verdad que no se cuenta
y el viento se la lleva entre sus rachas.
He dejado de ser yo la que te habla y he pasado a mirar lo que ocurre sin que ocurra
y así se abre una profunda brecha.
Ojos ajenos se me posan en el cuello, moscas que preguntan lo que no sé la respuesta
y a ese caos yo lo llamo lucha
Haz de hilos de colores sin sentido entre las manos cuando se ha perdido la esperanza
y mi corazón late con su pena, mucha.
