los-sueños-nacen-del-silencio

Dicen que soñar es gratis, pero no es cierto. Soñar implica cierta actitud de esperanza y un mínimo esfuerzo en desear. Hay sueños tontos, sueños egoístas, sueños divertidos, hay sueños necesarios y otros urgentes. El más urgente en nuestro días es atreverse a soñar porque eso significa brindar por la esperanza y reconocer un presente de carencias: soñar que somos personas que cuidan y respetan al resto de los seres vivos del planeta en el que vivimos; soñar que los seres humanos lo son y no se matan entre si. Soñar con ser parte de una sociedad más solidaria y humana; soñar con unos representantes políticos cuyo único objetivo sea preocuparse por que las infraestructuras de nuestra sociedad funcionen y que todos sin excepción nos beneficiemos de ello. Soñar con sentirse respetado por nuestro entorno (familia, amistades, compañeros de trabajo, pareja…) Soñar con tener pequeños avances físicos que vayan alumbrando el camino hacia la curación física total. Soñar que quien nos ha dejado de querer ya no nos duele y sentir que se puede seguir adelante. Soñar que tenemos un entorno laboral y que cuando se logra solo es un medio de vida y no una lucha por incentivos de todo tipo. Soñar que las insoportables despedidas definitivas nos nos dejan paralizados…

El mejor detector de sueños no cumplidos de este mundo es la publicidad, una magnífica arma de despersonalización masiva que nos enseña lo que debemos soñar, un gran contribuidor, junto con otros medios, a la construcción de posverdades que pagaremos muy caras quizás en un futuro no lejano. Sin embargo, nadie nos puede decir qué debemos soñar, porque para soñar, primero hay que ser y para ser hay que pararse. La mayor revolución personal, política y social que hoy en día podemos hacer es parar y silenciarnos. Si nos paramos, seremos capaces de oír, que es el paso previo a escuchar. Si sabemos escuchar, estaremos en disposición de comprender y si llegamos a este punto, podremos respetar, empatizar e incluso amar. Solo necesitamos un poco de silencio y empezar.

Y llega así un año más la Navidad. Unas fiestas fagocitadas por esta sociedad que no parece quererse parar y que busca con todas sus herramientas evitar que encontremos un poco de silencio para que seamos individuos únicos. Pero, aunque sea una vez al año, hay un mensaje escondido entre tantos ruidos que nos invita a parar, a escucharnos por dentro: podemos volver a nacer y comenzar desde la más pequeña de nuestras fragilidades y desde el espacio más humilde de nuestro ser.

Feliz Navidad y que el 2018 sea un año en el que nos atrevamos a ser.

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