En una minúscula aldea japonesa una mujer se debatía entre la vida y la muerte. De pronto tuvo la sensación de ser separada de su cuerpo y subida al cielo, donde creyó escuchar la voz de sus antepasados. ¿Quién eres? – le dijo una voz. | Soy la mujer del tendero – replicó ella. | Yo no te pregunté de quién eres mujer sino quién eres tú. | Soy la mama de tres hijos, contestó. | No te solicité que me contestes cuántos hijos tienes sino quién eres. | Soy una maestra de colegio. | No quiero saber cuál es tu profesión, sino quién eres.
La mujer no parecía dar una contestación adecuada a la pregunta, hasta que dijo: | Soy quien se despierta cada día para cuidar y amar a mi familia y ayudar a que se desarrollen las mentes de los niños en mi escuela. Con esa respuesta aprobó el examen al que fue sometida y fue enviada de vuelta a nuestro mundo. A la mañana siguiente se despertó sintiendo un profundo sentido de significado y propósito: había descubierto su ikigai.

Ikigai (生き甲斐, pronunciado ikiɡai) es un concepto japonés que significa “la razón de vivir” o “la razón de ser”. Todo el mundo, de acuerdo con la cultura japonesa, tiene un ikigai. El término ikigai se compone de dos palabras japonesas: iki (生き), que se refiere a la vida, y kai (甲斐), que aproximadamente significa “la realización de lo que uno espera y desea”. Todo el mundo, de acuerdo con la cultura japonesa, tiene un ikigai. En la cultura de Okinawa, el ikigai se concibe como “una razón para levantarse por la mañana”; es decir, una razón para disfrutar de la vida. La mejor manera para iniciarse en esta búsqueda de un propósito es hallar una respuesta. En algunos estudios sobre las características de la gente feliz, aparece como una de ellas justamente tener un propósito de vida claro. Cada mañana al despertar debemos preguntarnos cuál es nuestro ikigai. Empieza por hallar una respuesta a cuatro preguntas fundamentales:

  • ¿Qué es lo que amas?
  • ¿Qué sabes hacer bien?
  • ¿Qué crees que el mundo necesita de ti?
  • ¿Por qué deberías recibir un salario?

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Gordon Matthews profesor de antropología en la Universidad de Hong Kong y expertos en la cultura japonesa ofrecen pautas, pasos, consejos inspirados en los centenarios japoneses para encontrar y mantener el ‘ikigai’:

  • Comienza analizando lo que tienes delante, el ‘ikigai’ no es nada sublime ni extraordinario, sino algo muy obvio. Recuerda siempre por qué ese algo especial es tan importante.
  • Reflexiona acerca de por qué haces lo que haces.
  • Tómate tu tiempo para decidir. No es una tarea fácil y no se consigue tampoco en unos pocos días. Tómatelo con calma. Las prisas son inversamente proporcionales a la calidad de vida. Como dice un viejo proverbio: “Caminando despacio se llega lejos”. Cuando dejamos atrás las urgencias, el tiempo y la vida adquieren un nuevo significado.
  • El ‘ikigai’ es siempre frágil.Todos pueden verse afectados por la desgracia y tú no eres más especial que nadie.
  • Revisa tu ‘ikigai’ de vez en cuando. Lo que es fundamental para ti con 20 años puede no serlo con 40.
  • Mantente siempre activo, nunca te retires. Quien abandona las cosas que ama y sabe hacer, pierde el sentido de su vida. Por eso, incluso después de haber terminado la vida laboral “oficial” es importante seguir haciendo cosas de valor, avanzando, aportando belleza o utilidad a los demás, ayudando y dando forma a nuestro pequeño mundo.
  • No comas hasta llenarte. También en la alimentación para una vida larga, “menos es más”. Según la ley del 80%, para preservar la salud mucho tiempo, en lugar de atiborrarse hay que comer un poco menos del hambre que tenemos.
  • Rodéate de buenos amigos. Son el mejor elixir para disolver las preocupaciones: con una buena charla, contar y escuchar anécdotas que aligeren la existencia, pedir consejo, divertirnos juntos, compartir, soñar… En suma, vivir.
  • Ponte en forma para tu cumpleaños. El agua que se mueve, fluye fresca y no se estanca. Del mismo modo, tu vehículo para la vida necesita un poco de mantenimiento diario para que pueda durar muchos años. Además, el ejercicio segrega las hormonas de la felicidad.
  • Sonríe. Una actitud afable hace amigos y relaja a la propia persona. Está bien darse cuenta de las cosas que están mal, pero no hay que olvidar el privilegio de estar aquí y ahora en este mundo lleno de posibilidades.
  • Reconecta con la naturaleza. Necesitamos regularmente volver a ella para cargar las pilas del alma. Aunque la mayoría de los seres humanos vivan en ciudades, estamos hechos para fundirnos con la naturaleza.
  • Da las gracias. A tus antepasados, a la naturaleza que te provee aire y alimento, a tus compañeros de vida, a todo lo que ilumina tu día a día y te hace sentir dichoso de estar vivo. Dedica un momento del día a dar las gracias y aumentarás tu caudal de felicidad.
  • Sigue tu ikigai. Dentro de ti hay una pasión, un talento único que da sentido a tus días y te empuja a dar lo mejor de ti mismo hasta el fin.
  • Vive el momento. Deja de lamentarte por el pasado y de temer el futuro. Todo lo que tienes es el día de hoy. Dale el mejor uso posible para que merezca ser recordado.

Encontrar el ikigai contribuye a tener más posibilidades de una vida larga y saludable. Dan Buettner y su equipo han estudiado las “Zonas Azules” del mundo, comunidades en las que las personas mayores viven con gran fuerza y vigor hasta una edad record. En TEDxTC, comenta los 9 hábitos más comunes de la dieta y estilo de vida que los mantiene en plena actividad más allá de los 100 años:

  • Tener un propósito de vida. Robin Sharma en su libro “El monje que vendió su Ferrari” establece una frase emblemática: “El principal propósito de la vida es tener una vida con propósito”.  En Okinawa las personas tienen una palabra para esto: Ikigai, que se traduce como “La razón por la que te despiertas cada mañana”. En algunos estudios sobre las características de la gente feliz, aparece como una de ellas justamente tener un propósito de vida claro. Cada mañana al despertar pregúntense cuál es su Ikigai.
  • Moverse naturalmente. La gente de las Zonas Azules no concibe el ejercicio como nosotros lo hacemos. No van al gimnasio hasta agotarse, ni practican alguna rutina de ejercicios en determinado momento del día, más bien toda su vida transcurre con base en el movimiento, es decir, las tareas en el campo y las del hogar, todo implica moverse de manera natural: cortar leña, pastar a sus animales, trabajar en el huerto e ir de un lugar a otro en bicicleta o caminando.
  • Reducir la prisa. Las personas en estas áreas tienen uno o varios momentos al día para relajarse, hacer un alto. Desconectarnos por un momento de nuestras preocupaciones nos libera; bajar las revoluciones nos ayuda a tomar el impulso nuevamente para seguir con nuestras tareas. Practicar la meditación, la contemplación, la oración, o simplemente tomar la siesta nos ayuda a cumplir con tal fin.
  • Hara hachi bu. Esta es una expresión que se le atribuye a Confucio y que utilizan en Okinawa para recordar que hay que comer hasta estar satisfecho, no repleto. Para los okinawenses se trata de comer hasta un 70 u 80% del límite de llenado. Así que cada vez que vayamos a ingerir una comida, recordemos a los longevos japoneses y nos animaremos a seguir su valioso ejemplo. Mucha gente come hasta estar completamente llena, cosa que automáticamente les da sueño y les quita energía en vez de dársela. En el proceso de digestión hay un gasto de energía, así que comer mucho, no es saludable.
  • Dieta con base en verduras y frutas Casi todos los productos que consumen los habitantes de las Zonas Azules son locales, frescos, llenos de vida y de color. La mayoría de los habitantes de estas zonas no son vegetarianos, comen carnes rojas pocas veces al año, cinco veces al mes aproximadamente.
  • Un poco de vino. Con moderación, por supuesto. Una copita de vino diariamente nos viene muy bien, gracias a que está llena de antioxidantes y además nos relaja y anima.
  • Fe y espiritualidad. Los más longevos del mundo forman parte de alguna comunidad religiosa o espiritual. La pertenencia a un grupo religioso y espiritual está siendo cada vez más estudiada por la ciencia, la cual está probando que la fe sí tiene un efecto positivo en las personas y promueve la longevidad. Los sentidos de trascendencia y de legado al prójimo tienen una conexión íntima con las emociones y sentimientos.
  • Familia. La mayoría de los centenarios de estas zonas vive con sus familias, participando dentro del hogar, en relaciones armónicas, que no dejan de tener sus dificultades, pero que ven la vida con optimismo gracias a que en el centro existe el amor, el perdón y la esperanza.
  • La tribu adecuada. La gente en su vida tiene un poder increíble de influenciar su destino.

Fuentes: ElConfidencial | Wikipedia | Japonismo | Mentesana | ZonasAzules

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