El cuadro de marquetería no daba más pistas ni ofrecía otros detalles del libro, de la fecha de escritura o del propio escritor. Aquella cita procedente del aire se convirtió en la sombra de su infancia sin entenderla del todo ni llegar a comprender por qué su abuelo Isidro la habría escogido entre todas las frases célebres del mundo. Debía de ser una idea importante o revolucionaria si la había elegido para colgarla en la puerta del tallercito que había instalado en la habitación vacía de los hijos casados sin mencionarla nunca más…

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