Todos creíamos conocerte. Ahora estamos llorando porque tenemos la triste certeza de que te conocíamos menos de lo que hubiéramos querido. Cuando estábamos contigo, no sabíamos que el tiempo iba a ser tan corto y quizá nos quedaron muchas cosas por hacer o por decir.
El dolor nos ha sacudido por dentro.
Te has marchado inevitablemente, así lo has decidido. Te has ido y despedirte es tan doloroso que no dejamos de hacernos preguntas con el oculto deseo de que vuelvas para respondérnoslas.
Nos has dejado un hueco que nunca se va a volver a llenar y nos has legado una enseñanza dicha sin palabras. De nosotros mismos depende recoger el profundo mensaje y saber qué hacer con él para honrar tu recuerdo mientras vivamos.
Descansa en paz, amigo. Nunca te olvidaremos.

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