«Los pies en el suelo ocupan muy poco espacio;
gracias a todo el espacio que no ocupan podemos caminar»
Proverbio Taoísta

andar-una-filosofia

Fuente: Casa del Libro.

En un programa de televisión de esos que tildan de ‘serios y objetivos’ se hablaba hace poco de la adicción al móvil y de cómo su presencia en nuestro mundo ha modificado los hábitos humanos sobre todo en los jóvenes. Como les suele pasar, faltaron otras voces, pero me gustaron las palabras de Zygmunt Bauman casi siempre acertadas, llenas de sentido común. No sé si, como él apunta, llevar un móvil en el bolsillo es llevar al diablo, pero sin duda,  la tecnología nos hace pagar un precio.

Conozco a muchas personas en mi ámbito laboral y en mi entorno que no sé si son adictas al móvil, pero que pasan, pasamos (me incluyo) muchas horas pendientes de una pantalla: el móvil, el ordenador, la tableta, la pizarra digital… Es una ‘cuestión laboral’, son herramientas de trabajo que usamos porque creemos que nos ayudan a mejorar, nos ponen en contacto con materiales, actividades…relacionadas con la educación y crean un claustro virtual en diversas redes sociales que se siente innovador. Muchos pasos dados por la red han traído un gran aprendizaje y han hecho que andemos de manera intensa por caminos líquidos.

Sin embargo andar por la red no es pisar el suelo y quizá sea este el sentido que le quiere dar Bauman ‘al diablo’. De andar y caminar sabe mucho Frederik Gros. Hay algunas ideas en su libro que nos dejan muy claro el sentido filosófico de andar o caminar en la vida y que, si queremos hacer un camino o trayectoria en la red,  chocan con andar por caminos líquidos:

Andando, uno descubre una dimensión de la existencia que está prácticamente marginada: la lentitud, la presencia física’ nos dice Gros. Es el lujo de vivir en el presente. Cuando caminamos ralentizamos el ritmo de nuestra vida y todos los sentidos están presentes: se escuchan los sonidos, se aprecia el paisaje, se perciben los olores… Es un tiempo pleno y una experiencia intensa porque cada momento del camino es el aquí y el ahora analógico y real.

Sin embargo, caminar por Internet implica velocidad e impide la presencia física. Es un ámbito fruto de un mundo contemporáneo que con su ritmo secuestra muchos tiempos de nuestras vidas. Vivimos acostumbrados a la rapidez y a la inmediatez. Internet nos regala tener todo a un click. Los docentes también nos hemos presentado en las redes porque son un espacio en el que relacionarnos personal y profesionalmente. Y todo ha ido a ritmo vertiginoso. En muy poco tiempo se han creado redes de aprendizaje, de cooperación, alianzas, amistades y para algunos oportunidades de ganar dinero que solo se dan si estás conectado. A mayor conexión, mayor participación, más seguidores en tus redes, más actividad, más ego líquido. Pero caminar por Internet en exceso nos lleva a estar quietos, pegados a una pantalla, viendo una ‘realidad’ seguramente un poco distorsionada (por excesivamente focalizada), que nos desplaza del mundo real, porque tu centro (escuela, instituto…) y tus compañeros de trabajo son analógicos. Y ahí es donde está el mundo real, un mundo que va más despacio, huele, y afortunadamente es imperfecto; un lugar en el que tú eres el mejor profesor del mundo porque eres el único para ese alumnado con el que trabajas este curso que también es único e irrepetible. Un tiempo en el que habremos dado muchas clases y vivido muchas experiencias en el aula que sin duda sabremos evaluar desde la íntima y privada sinceridad, aunque luego te postules a premios o medallas que tendrán otros objetivos.

Otra idea de Frédéric Gros es que ‘caminando se escapa a la idea misma de identidad, a la tentación de ser alguien, de tener un nombre y una historia. Andar nos enseña a desobedecer. Porque andar nos obliga a tomar una distancia que también es una distancia crítica. Ser alguien es una obligación en cualquier red social, pero se está poco a poco convirtiendo en una exaltación absurda del yo. Hemos pasado de tener un perfil en una red a hacer una especie de sublimación de ese yo: ‘Orgulloso de’, ‘Feliz de’, ‘Disfrutando con’, fotos de vinos que me bebo, platos que me como, lugares que visito, famosos o ‘gurús’ con los que me encuentro…En el ámbito educativo no falta el ‘turismo TIC’ (on-line y presencial) por eventos y cursos en los que todo el mundo disfruta a rabiar y aprende la quintaesencia según reza en el timeline del hashtag correspondiente. Además, resulta llamativo que para apuntarse a algunos de ellos, casi el mismo día que se abre el plazo de inscripción ya no quedan plazas o que siempre son los mismos los que enseñan y los mismos los que asisten a aprender. Algún significado tendrá.

Hacer un camino te vacía de yo y te ayuda a tomar perspectiva y distancia de donde tengas puesto el foco. Transitar por las redes no debe convertirnos en egos que hacen lo mismo a golpe de tendencia: ahora todos hacemos ABP, ahora todos dibujamos, ahora todos trabajamos inteligencias múltiples, ahora todos derribamos muros de aulas… Tomemos la red como un laboratorio de experiencias y de aprendizaje. Recuperemos ese espacio para compartir lo que hacemos de verdad en nuestras aulas y no lo convirtamos en un lugar en el que volcar a golpe de directores de orquesta diseños de experiencias no experimentadas o ‘modas’ que nos hacen creer que estamos innovando. Aprendamos, pero pisemos el suelo, no nos engañemos.

Al final, nos dice Gros que ‘caminar no es más que una relación entre un cuerpo, un paisaje y un sendero’. En nuestra trayectoria por la red, seamos originales, no perfiles imitadores de tendencias, aportemos nuestro paisaje a la red (el analógico que es el real) y hagamos nuestro propio camino compartiendo, si lo creemos conveniente,  la experiencia en nuestros portafolios. Hacerlo implica lentitud, mirar menos mis redes sociales y más mis redes analógicas, no imitar a nadie, ampliar nuestras miras y salir de la rueda de los círculos (grupos o listas de redes que acaban a veces saturadas de lo mismo). También implica silencio, detenerse a pensar, observar. Vayamos más despacio. Andemos, no corramos detrás de nada. Es lo que a mí me pide el cuerpo, fruto de mi experiencia, no son palabras que pretenden sentar ‘cátedra’.

‘Para ir más despacio no se ha encontrado nada mejor que andar. Para andar hacen falta ante todo dos piernas. Todo lo demás es superfluo. ¿Quieren ir más rápido? Entonces no caminen, hagan otra cosa: rueden, deslícense, vuelen’ Frederik Gros

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